Fundamentos de la Ley 13388

 

 

 

Finalizado el período de conmociones internas en nuestro país, comenzó una laboriosa etapa. Por todas partes surgían nuevas industrias y emprendimientos y con él un torrente inmigratorio desde Europa, pero siempre faltaban los brazos para materializar las audaces empresas que los pioneros concebían a cada momento. En esos años se levantaba en la pequeña localidad de Zárate, la primera fábrica de papel que iba a funcionar en el país, pero sus dueños tropezaban con el grave problema de la ausencia de obreros especializados para hacer marchar sus máquinas instaladas, logrando después de mucho trajinar la contratación de algunos obreros especializados oriundos de la vieja Bélgica.

Así es que llegaron a la localidad de Zárate en la provincia de Buenos Aires, dos jóvenes belgas, que después de mucho discutir con los empleados de la Aduana, pudieron introducir dos jaulas de palomas que traían de su tierra.

Uno de ellos se llamaba Emilio Duvivier y el otro Pedro Van den Zander, una vez en el lugar de destino iniciaron en nuestra patria lo que hoy constituye una de las actividades más nobles y útiles ya que su desarrollo se relacionó con la defensa de la integridad de la Nación.

Radicados ya en la incipiente comunidad de Zárate, Duvivier y Van den Zander, comenzaron a reproducir y a entrenar sus aves con dedicación y entusiasmo, sorprendiendo a los lugareños, sobre todo en la cuestión, que no importando el lugar en que se las soltara, éstas siempre regresaban a su palomar, explicando que estas facultades eran aprovechadas en su lugar de origen, para hacerlas competir y llevar mensajes; no faltaron entonces adeptos, al poco tiempo eran muchos los que los estimulaban en sus tareas y así se pudieron realizar las primeras sueltas de práctica. Las palomas eran colocadas en cestos de mimbre que se cargaban en un carro tirado por un caballo y Duvivier era el encargado de llevarlas hasta el paraje conocido actualmente como Las Palomas, ubicado a unos 10 kilómetros de la ciudad de Zárate, donde procedían a la suelta, mientras Van den Zander se quedaba en el palomar para esperar el arribo de las aves.

Las primeras demostraciones efectuadas por los precursores de nuestra Colombófila despertaron como ya anticipáramos gran entusiasmo, pronto fueron muchos los que criaban y variaban palomas en Zárate, disputándose en el año 1887 las primeras carreras, figurando entre los competidores el propio director técnico de la fábrica de papel de la localidad, don Oscar Molo, también de nacionalidad belga, quien además de la cría local hizo importar casales de palomas mensajeras. Julio Dawin, los hermanos Van den Ryn, Manuel Brant, Fonteing, Francois, Setuan, los hermanos Henrricot, los hermanos Achkerman, son nombres de aficionados de aquella época que han quedado grabados en forma definitiva en la historia de nuestra Colombófila, al igual que Bernardo Gautero, quien se convirtió en el primer convoyeur, ya que era el encargado de llevar los canastos y realizar las sueltas desde distintos puntos cercanos a la localidad de Zárate. Las carreras de palomas al pasar unos años, llegaron a convertirse en una institución permanente que cobró forma definitiva en el año 1900, con la fundación de la primera sociedad colombófila en la Argentina, La Zarateña, presidida por don Francisco Irurita, secundado por Fontein como secretario y el señor Molo, quien mereció además la designación de presidente honorario de la institución, también se registraron otros nombres de aficionados en nómina de socios fundadores de la entidad, Leinenweber, Smith, Sardin y Suárez, que habían participado en sueltas desde Rosario y Santa Fe.

Este breve raconto, nos permite ver que la localidad de Zárate en la provincia de Buenos Aires, es sin duda la cuna de la colombofilia en la República Argentina y por ello este proyecto destaca a esa comunidad como sede de la fiesta anual que propone.

Dar impulso a la crianza y adiestramiento de nuestros ejemplares, en una actividad que se ha desarrollado a través de tantos años, inclusive destacada en los ámbitos internacionales, ya que nuestras voladas como se las denomina, compiten en distancias que superan los 1.300 kilómetros, es una forma de reconocer y premiar a una actividad que se enmarca con el desarrollo de nuestras comunidades.

Sobre la base de los fundamentos que anteceden, solicito de este Honorable Cuerpo la aprobación del proyecto de ley que acompaño.