Fundamentos de la Ley 12835
La economía social y solidaria constituye, en el seno de la sociedad capitalista, una especie de objeto "no identificado", sostiene Jean Paul Motchane profesor de la Universidad de París. En el mismo trabajo comenta que la misma es objetada desde algunos sectores como simple paliativo o prótesis del capitalismo salvaje, y, desde otras perspectivas, se la presente como una alternativa al neoliberalismo. Pero, lo importante, es que acerca significativas conclusiones para tener en cuenta: "Sobre los 370 millones de habitantes de la Unión Europea, y teniendo en cuenta que una persona puede pertenecer a varias de ellas, más del 30% de la población es miembro de una organización o de una empresa de economía social". Inseparable de la historia del movimiento obrero y de la resistencia a la construcción de una sociedad fundada en el provecho, la economía social se estructura de maneras muy diferentes. En la U. E. la encontramos con distintas estructuras jurídicas, tanto como mutuales, cooperativas, asociaciones, etc. pero respondiendo, cualquiera sea su forma, a principios comunes: la libre adhesión de los socios, la estructura democrática del poder (una persona un voto), el carácter inalienable y colectivo al capital de la empresa y la no remuneración del capital.
Desde hace un tiempo en nuestro país están resurgiendo también este tipo de organizaciones. En muchos casos, desde ese espíritu creativo de ser humano, que en las situaciones más críticas y angustiosas, no se permite la desesperanza y el escepticismo.
La quiebra de empresas, ha sido una de esas situaciones límites en la cual muchos de nuestros coprovincianos, se encontraron ante la disyuntiva de sumarse al grueso número de desempleo, o poner toda su energía en la constitución de grupos solidarios, convencidos que en la unión estaría y encontrarían la fuerza.