FUNDAMENTOS DE LA LEY 15338

El presente proyecto tiene por objeto instituir el 4 de octubre de cada año como “Día Provincial del Perro Guía o de Asistencia”, en referencia al día en que se entregó el primer perro guía argentino.

A través de la adhesión de la Ley Provincial 14.964 a la Ley Nacional 26.858 se considera perro guía o de asistencia a aquel que, tras superar un proceso de selección, finalice satisfactoriamente su adiestramiento para el acompañamiento, conducción, auxilio y alerta de las personas con discapacidad y obtenga el certificado que así lo acredite.

Los perros guías acompañan a personas invidentes o con serios problemas visuales y les ayudan a caminar por la calle, les indican dónde y cuándo es seguro cruzar y les acompañan en el transporte público. También les ayudan dentro de casa: recogen cosas que se caen al suelo, apartan obstáculos y, en el caso de personas con movilidad reducida, les ayudan a abrir y cerrar puertas o cajones.

Los perros guía o llamados también lazarillo, son los ojos de sus usuarios y les acompañan a lo largo de todo el día por lo que no tienen días sin trabajo, a diferencia de otros canes con “profesionales”, como los perros policía.

Para esto, necesitan un entrenamiento muy especial y duro, ya que han de desenvolverse en función de normas sociales de los humanos.

Los perros lazarillo nacen dentro de las asociaciones que los adiestrarán y los articularán con las personas a las que van a ayudar durante toda su vida.

Estas instituciones hacen una selección especial en un entorno muy controlado que se preocupará de que no haya problemas de embarazo y el parto, en la búsqueda del mejor temperamento y carácter para este animal.

Las razas que más se emplean son el labrador retriever, el golden retriever y el pastor alemán. Su personalidad se adecúa a lo que les exige el trabajo: son inteligentes, pacientes pero decididos y saben tomar decisiones.

Su primer año de vida lo pasa con una familia de acogida voluntaria. El trabajo de esta familia es enseñarle el mundo y ayudarle a comportarse bien en cualquier situación.

En el primer cumpleaños del cachorro, este vuelve a la institución que lo ha de adiestrar. Para entonces, ha aprendido a vivir en familia, conoce la calle, sabe relacionarse con personas y perros, y sabe comportarse en un restaurante, en el trabajo o en el transporte público.

Un equipo de profesionales le enseñará a hacer cosas tan difíciles para un perro como cruzar la calle con seguridad, evitar distracciones como saludar a otros perros o caminar en línea recta por la calle.

También aprenden a identificar escalones y escaleras, y evitar pasar por lugares peligrosos como ramas bajas o toldos que le pudieran golpear en la cabeza. La función de este perro es ayudar a su usuario a manejarse sin peligros fuera de la casa.

Pero cuando el perro cumple los dos años de edad, está listo para graduarse e irse a la casa de un usuario durante toda su vida asistencial.

En otro orden, también se promueve la difusión del aporte de los perros especialmente entrenados para su desempeño en terapias de asistencia a personas con trastornos del espectro autista y del neurodesarrollo, pues su participación puede favorecer la atención, disminuir el estrés, y contribuir al desarrollo de habilidades emocionales, sociales y comunicativas. También pueden ayudar en las tareas del hogar y actividades cotidianas que fomentan la autonomía o intervenir físicamente si el usuario sufre crisis, ansiedad, agresión o aislamiento.

Por sus invaluables aportes y por los que aún no se han difundido masivamente, es que solicito de los señores legisladores, que acompañen son su voto a la presente iniciativa.