Fundamentos de la Ley 13700

 

Julio César Triaca, nació en la ciudad de La Plata el 7 de mayo de 1914 y se recibió de abogado en la Universidad Nacional de dicha ciudad el 26 de agosto de 1938.

            Comenzó a ejercer su profesión en 1939.

            En 1935 como consecuencia de un accidente de caza (se escapó un tiro del rifle que llevaba consigo) la perdigonada le atravesó los labios, la lengua y el paladar, pero lo más triste y lamentable resultó la pérdida de la vista en ambos ojos.

            Para esa fecha ya había completado el primero año de la carrera de abogacía que con tanto amor abrazara.

            Pese a lo infausto de la situación decidió seguir adelante con los estudios, en razón de que aún -a excepción de la vista- conservaba intactos los centros del habla, la escritura, los movimientos y la audición, lo que -por cierto- con eso a favor tenía como comunicarse con el exterior y por ende el exterior se comunicara con él.

            El hoy doctor Triaca no estuvo solo durante el extenso trayecto que le faltaba recorrer hasta la finalización de su carrera ya que, incondicionalmente, contó con la colaboración desinteresada de un grupo de estudiantes amigos con quienes había preparado los exámenes de primer año.

            Merece destacarse que llegado el 26 de agosto de 1938 y como corolario a su exitosa carrera, el alumno Triaca debía rendir la última de las asignaturas “Internacional Privado” la que no solo aprobó sino que fue felicitado efusivamente por la mesa examinadora integrada por el doctor Vico titular de la cátedra, el doctor Acosta adjunto y por el doctor Sufra decano y abogado constitucionalista, respectivamente.

            Así llegó al final de su exitosa carrera resultando ser el primer abogado en el mundo que se recibió siendo no vidente novedad que, por su naturaleza, fue publicada en periódicos de Europa, Australia y Medio Oriente, respectivamente.

            Corría el año 1939 cuando la entonces novia y hoy esposa del Dr. Triaca, le obsequió un equipo Braile, acto que le agradeció profundamente, pero que la había prometido a Dios seguir su carrera con las armas que él le había dado. Su mente, por ejemplo.

            Vale recordar una de las tantas reflexiones del Dr. Julio César Triaca, cuando expresó “Creo que las menguas físicas no tienen porqué disminuir psíquicamente a nadie. Ese es mi slogan, mi pensamiento, y sobre esa base tonifiqué mi espíritu y acepté la voluntad del Señor, pensando en solucionar el problema por mis mismos medios. La fuerza de voluntad fue lo que me salvó”.

            El doctor Triaca ejerció el cargo de abogado fiscal de la provincia de Buenos Aires y abogado general del Fisco de la Provincia.

            También fue el inventor del sistema de fichas para registrar las deudas de la Dirección de Asuntos Legales.

            Ya en el año 2003, recibió la orden de Caballero de la Solidaridad de la Caja de Previsión Social para Abogados de la Provincia de Buenos Aires.

            Merece un párrafo aparte el hecho de que el Dr. Triaca nunca vio a sus hijos pero según manifestó que es algo de la ceguera que, si bien no pudo sobrellevar tampoco le molesta. No obstante dijo “Es que mis hijos han sido tan buenos y tan cariñosos conmigo, que les he hecho una cara con los ojos de mi alma”.

            Es un altísimo honora para todos los bonaerenses el contar entre los nacidos en este bendito país con un profesional de la talla del Dr. Julio César Triaca por la lucha, tesón, voluntad y optimismo puestos de manifiesto a partir de cuando perdió la vista, hasta nuestros días.

            Que su ejemplo cunda.

            Por todo lo expuesto solicito a los señores legisladores que, con su voto afirmativo, me acompañen con el proyecto de ley de que se trata.