Fundamentos de la

 Ley 11329

 

            Los días 10, 11 y 12 de octubre de 1992, esta vez tomando como sede la provincia de Neuquén, se dio convocatoria al “VII Encuentro Nacional de Mujeres”.

            Estos espacios de intercambio constituyen un modelo de organización abierto generado por la práctica de las mismas mujeres, conscientes de la necesidad de agruparse para reflexionar y debatir libremente acerca de su propia condición –ser mujer. Con la problemática inherente a esa identidad que la define y propone como sujeto ligado a/y de la cultura y la historia que la construye y a su vez ella construye como parte sustancial e ineludible del todo y no como atributo complementario de otra parte, y de su situación en las diversas instancias de la sociedad civil, económica y política de su país y del mundo actual, con el fin de actuar sobre la realidad tratando de modificar el lugar de discriminación que la significa con el peso de siglos.

            La lucha de la mujer por la conquista de sus derechos políticos y civiles, su reclamo por ser reconocida en una postura de igualdad y capacidad de participación ha sido larga, ardua y decisiva en sus alcances y persistente en la medida que se mantiene y avanza en profundidad; pero el propio cauce que la abarca, se redimensiona al desbordar y fundirse en aguas de otros diversos y cuantiosos modos de injusticia social.

            Hoy la mujer no sólo defiende sus derechos sino que hace cargo de la responsabilidad que le corresponde asumir en la toma de decisiones y en la conducción social contemporánea, conducción que se hace crítica, penosa y desde todo punto de vista de dificultosa concreción en sus logros.

            Las organizaciones de mujeres, tanto en nuestro país, como en los países latinoamericanos, buscan alternativas de solución para los problemas de vivienda, de salud, del cuidado de los niños, se propone la obtención de servicios públicos y en muchos casos de fuentes de ingresos; ellas constituyen ejes de sustentación de las actividades desplegables a favor de la comunidad.

            A la reunión de los encuentros nacionales concurren mujeres de todos los puntos del país, mujeres de diferente condición social que desarrollan actividades destintas, amas de casa, trabajadoras de ciudad y el campo, profesionales, estudiantes e inquietudes, a proponer ideas para intentar dar solución a la diversa gama de problemática que toman forma en la escena social.

            Consideramos y destacados el aspecto altamente positivo que estos eventos significan ya que se revelan en su valoración educativa, donde la posibilidad de participar permite establecer lazos solidarios con otras integrantes y la práctica del intercambio inter-regional puede conformar las bases para cuestionamientos y propuestas globales de alcance trascendente, al generar un marco continente que permite la investigación, el conocimiento, la evaluación de problemas y la proposición de posibles líneas de acción.

            A su vez este tipo de participación permite a la mujer expandir al área de su unidad doméstica y hacer “visible” su trabajo en el ámbito mucho más amplio, lo que sirve como esfuerzo en la toma de conciencia de las responsabilidades que se asumen con los derechos y posibilitan la expresión en la práctica de la toma de decisiones, que ejercita las formas de “poder” para transformar.

            A los hombres y mujeres de este país nos compromete el ideal de un futuro mejor en el que podamos concretar y proclamar nuestra patria justa, libre y soberana.

            Por eso es necesaria la unión, la reunión, la participación plena en diferentes espacios que se organicen para pensar y repensar, reconstituir vínculos, descubrir y crear formas alternativas de darnos soluciones.

            Por todo lo expuesto es que solicitamos a los señores legisladores que nos acompañen con su voto en la aprobación del presente proyecto de ley.