Fundamentos de la
Ley 10369
Es por todos conocido el estado en que se encuentran los servicios de aguas corrientes en poblaciones de gran cantidad de habitantes. Omito decir, por muy sabido, lo que ello implica para la vida, que sin tal fundamental elemento se ve privada de algo ineludible para la existencia y que reduce, por consiguiente, los medios de trabajo. Vastas regiones se ven reducidas a continuar en una precaria situación, detenidas en su progreso y sin esperanzas de salir de la aridez lamentable en que viven.
Corresponde determinar una orientación humana, patriótica y social en todos los problemas relativos al suministro de agua de toda la Provincia, intensificándose los trabajos correspondientes y encauzándolos en nuevas normas técnicas, racionales y efectivas. De la abundancia del agua potable y su aprovechamiento dependen en gran parte los progresos humanos, desde los más primitivos a los más evolucionados.
Estas tareas deben complementarse, entre otras, con las de instalación, aumento y refacción de redes para desagües cloacales, tan necesarios para impedir epidemias y formar centros saludables de la vida nacional, tarea que ha de obedecer a una concepción más humana, más lógica y más adecuada de la que hasta ahora se tuvo de tan importantes problemas.
El general Perón quiso que aquellas barriadas populares, eminentemente trabajadoras, vivan en la forma más sana e higiénica que merecen y no estén, como antes, desenvolviéndose en la suciedad y el abandono en que estuvieron sumidas por la torpe política de los que no quieren ver ni comprender.
Los males colectivos, ha dicho un sociólogo, se combaten con medios colectivos. No existen trabajos malsanos, sino condiciones malsanas de trabajo, y esto es lo que se trata de impedir. Una organización higiénica, una tarea con vistas a la contemplación humana, netamente humana, de la justicia social, hará de un barrio ahumado, fétido, y a veces contaminado mortalmente, una alegre comunidad que bendiga la labor del gobierno, que al nacer de su seno, comprende los fines que habría de proseguir para hacerse digno de confianza.
La atención de estos servicios y problemas, dado su carácter eminentemente social, hace que las obras a desarrollar deben extenderse a todas las zonas de la Provincia, que estén a cargo del Estado y de los particulares, a fin de asegurar un servicio de agua y desagües que garanticen un óptimo en la salud de la población.
El gobierno de facto, so pretexto de normas constitucionales que asignan a las municipalidades la administración de los intereses y servicios cloacales, urdió un plan de descentralización y transferencia de servicios a los municipios, mediante la sanción del Decreto-Ley 9.347/1979 y de otras normas análogas.
Pero sucedió que la transferencia sólo comprendió aquellos servicios deficitarios, obsoletos o que incidían fundamentalmente en el presupuesto provincial. Fue la teoría del descarte.
Los servicios que prestaba la Dirección de Obras Sanitarias, tanto en la prestación del servicio cuanto en la ejecución de las obras básicas de infraestructura y los correspondientes estudios técnicos, no ha podido suplirse por parte de los municipios.
La falta de poder económico, el estado de las redes, la falta de personal idóneo, el deterioro de los equipos, fueron algunas de sus causas.
Es necesario comenzar nuevamente, dimensionando el organismo provincial y fijando el punto de partida para atacar el grave flagelo que representa la mala distribución del agua y los deficientes servicios cloacales, cual es la transferencia de todas las facultades y competencias sobre el tema a la jurisdicción provincial.
De allí en más, lograda la debida organización, se podrá instrumentar un plan provincial sobre estos vitales servicios, que comprenda la solución integral, en conjunción con otras jurisdicciones.
Por las razones expuestas, solicito la aprobación del proyecto.