FUNDAMENTOS DE LA LEY 15455
El ejercicio activo de la memoria no puede ni debe limitarse a recitar hechos históricos y/o sus interpretaciones en fechas conmemorativas. Es necesario incorporar el pasado y a sus protagonistas en el presente de todas las formas que no sea posible. Es un imperativo moral de todo ciudadano y político de la militancia la reivindicación de los héroes que combatieron, en 1982, durante la Guerra de Malvinas, por el restablecimiento de la soberanía nacional del territorio usurpado por Gran Bretaña.
Ello no siempre ha sido así. Durante mucho tiempo, ya retomada la democracia, se confundió el lógico y justo rechazo a la última dictadura y a sus implicancias filosóficas y políticas con la ausencia de debate sobre la Guerra de Malvinas -de lo que, por ende, se derivó la imposibilidad de extraer lecciones de la misma-, de una política de Estado de reclamación de la soberanía nacional sobre las islas y de reconocimiento a los soldados que pelearon en aquel conflicto bélico, quienes por el contrario fueron condenados a un cuasi ocultamiento que causó en ellos consecuencias tan o más graves que las que propia y específicamente les infligió la derrota militar.
Se confundía lo que era un reclamo histórico nacional apartidario con el sano y necesario propósito de curar a nuestra vida institucional de largas décadas de influencia de las Fuerzas Armadas, de lo que dependía la estabilidad de la democracia recuperada. Como si Malvinas hubiese sido una imposición militar y no un sentimiento genuino del pueblo argentino, cuando, por el contrario, la cúpula del ejército se vio en realidad desbordada en su vocación pactista, una vez producido el acto de la recuperación, por soldados que llevaron la lucha por su patria hasta las últimas consecuencias.
No se puede entender la condena al olvido que durante muchos años sufrieron nuestros héroes de Malvinas sin primero comprender ese razonamiento que, pretendiendo castigar a las FFAA en vez de a sus integrantes que violaron la Constitución Nacional, terminaron beneficiando a estos últimos, porque impidieron juzgar su rol en la guerra.
Fueron los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner los que, como en muchos otros aspectos de nuestra vida pública, vinieron a reparar injusticias.
Decía Nestor el 25 de mayo de 2003: “Venimos desde el sur de la patria, de la tierra de la cultura malvinera y de los hielos continentales y sostendremos inclaudicablemente nuestro reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas”, que por otro lado es un imperativo constitucional, como política de Estado pluripartidaria.
Esa definición se tradujo en acciones concretas: endurecimiento de la postura argentina en el Comité de Descolonización de la ONU y recuperación del concepto tradicional de tomar en cuenta los “intereses” de los habitantes de las islas y no sus “deseos” -de acuerdo con los términos establecidos por la Resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU, dictada en 1965-, dando por terminada la política de “seducción” llevada adelante por el gobierno de Carlos Menem. Se iniciaba así una nueva etapa.
En su primera gira internacional, Kirchner le plantearía al entonces primer ministro británico Tony Blair la reanudación de conversaciones acerca de la soberanía argentina sobre las islas, lo que reiteraría en su primer discurso ante la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2003. En 2004, con el Decreto 1357/04, fijó las pensiones a veteranos de guerra en una suma equivalente a tres haberes jubilatorios.
Reclamo de soberanía y reconocimiento a los combatientes. Un giro de 180 grados.
Las acciones continuaron en función del trazado de una hoja de ruta en ese sentido queja por la inclusión de Malvinas como territorio de ultramar británico en el tratado por el que se establece una Constitución para Europa en 2004, finalización de la Declaración Conjunta argentino-británica para la exploración y explotación conjunta de hidrocarburos en 2007, exclusión ese mismo año de la operación en territorio argentino de empresas internacionales que exploren hidrocarburos en el área de Malvinas y endurecimiento de sanciones a barcos que operen en la región de las islas sin autorización argentina, Ley 26.552 de 2009 -ya durante el gobierno de CFK- que incluye a Malvinas dentro de la jurisdicción de Tierra del Fuego, obligación de solicitar autorización previa a todo buque que navegue entre Argentina y las islas en 2010, estipulación de sanciones a las compañías que desarrollen actividad hidrocarburifera en la plataforma continental argentina sin contar con autorización expresa en 2011.
“Quiero también reafirmar una vez más nuestro reclamo irrenunciable e indeclinable a la soberanía sobre las Islas Malvinas, y llamamos al país ocupante, que luce como adelantado y respetuoso en todos los foros internacionales, a reconocer que existe una situación de neocolonialismo, por lo que es preciso cumplir con todos los mandatos de las Naciones Unidas.” Cristina profundizaba, como lo haría en muchos otros aspectos, la política sobre Malvinas inaugurada en 2003, en su discurso de asunción en 2007.
Paralelamente, tanto Néstor como Cristina fueron consecuentes en la denuncia de todo otorgamiento británico de concesiones de explotación pesquera e hidrocarburífera y de sus ejercicios militares en el área sujeta a disputa de soberanía, acciones unilaterales que desatienden dicho criterio establecido por la comunidad internacional. La decisión del Gobierno Británico, desde 2010, de avanzar con la explotación, hizo que Argentina respondiera con acciones de bloqueo comercial e intensificación de las reclamaciones diplomáticas por diálogo en torno a la cuestión de soberanía, concitando apoyo a tal fin de Unasur, Mercosur, ALBA, G77+China y Celac, entre otros, con lo que la causa dejó de ser solo de nuestro país para volverse sudamericana, ganando robustez.
Cuando en 2012 el parlamento de Malvinas anunció un referéndum entre los isleños sobre el deseo de continuidad de aquellas como territorio británico, el Gobierno de dicho país respaldó la iniciativa, en tanto el argentino la rechazó, basado en que la Resolución 2065 de la ONU solo reconoce como partes del conflicto a Argentina y Gran Bretaña, y en que no puede hablarse de libre determinación de una población implantada en territorio usurpado como lo es la que actualmente reside en las islas.
En ese momento, la entonces presidenta CFK anunció la desclasificación del informe Rattenbach, en la que se analizaba el papel de los mandos militares durante la guerra y la denuncia a Gran Bretaña ante el Consejo de Seguridad de la ONU por la militarización de la zona antes comentada. Siempre en el marco de la política y la diplomacia.
Conviene recordad que, en ese momento, un grupo de autodenominados intelectuales, periodistas, dirigentes políticos y personalidades de distintos ámbitos, todos ellos con su oposición al Gobierno de la actual vicepresidenta de la Nación como elemento común, produjeron una serie de documentos de carácter público en los que respaldaban la tesis británica de la autodeterminación de la población implantada en Malvinas. Lo que demuestra hasta qué punto puede perderse el eje de los intereses nacionales cuando se anteponen intereses partidarios mezquinos. Bien se ha dicho que la política de desmalvinización fue una estrategia británica para completar su triunfo bélico. Lo verdaderamente trágico es que haya argentinos que presten al juego extranjero. No son pocos los que aún usan “malvinero” o “malvinización” como calificativo negativo.
En 2014, se incorpora la leyenda “Ex combatiente, héroe de la guerra de las Islas Malvinas” en los DNI de los soldados, a los que, en 2015, el Ministerio de Defensa de la Nación les entregó un informe sobre la guerra elaborado con documentos desclasificados por el Decreto 503. Hasta el último instante de su mandato, Cristina tomó a Malvinas como una causa trascendental, clave en su acción de Gobierno.
Durante los cuatro años de macrismo, en cambio, se retrocedió en la política de reclamación de la soberanía sobre Malvinas, desandándose la ruta emprendida por los gobiernos kirchneristas en dirección diametralmente opuesta. En septiembre de 2016, Macri firmó una declaración bilateral con Gran Bretaña para promover el intercambio comercial y más vuelos a las islas, sin mencionar quejas por acciones británicas inconsultas ni incluir reclamo. Asimismo, durante su mandato Macri ha omitido el tema reiteradas ocasiones, particularmente en su discurso de asunción y en sus reuniones bilaterales con sus pares de la contraparte británica. Un gobierno que entregaría nuestra soberanía regresándonos al FMI, no podía hacer otra cosa en esta materia.
La decisión de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner de tratar con la dureza que corresponde a un acto de colonialismo, como lo es la ocupación británica de Malvinas, trae de la mano la efectivización del reconocimiento que merecían los héroes que combatieron en la guerra por la recuperación de las islas. No habría existido el olvido sin la previa concepción errónea sobre el conflicto, que se centró exclusivamente en el horror de la última dictadura siendo incapaz de diferenciar que, más allá de ellos, había en juego una cuestión de soberanía nacional, por lo que la grandeza de la lucha por su restablecimiento no fue valorada en toda su dimensión.
Hoy que damos la pelea por la recuperación de nuestra soberanía entregada por el macrismo al FMI, debemos recuperar también la política de Malvinas de Néstor y CFK.
Como parte de un proyecto político en el que la reivindicación de la causa Malvinas es central, quiero proponerle a esta casa que esta Provincia otorgue a nuestros héroes un rol central en la promesa a la bandera tradicional que todos los años nacen alumnes de todo el país. Nadie mejor que ellos para ese acto, pues fueron de quienes mejor defendieron la dignidad de nuestra enseña patria. Además, entiendo que así estimularemos entre quienes se inician en sus estudios a la inquietud y el deseo de interiorizarse en lo que es un reclamo soberano histórico, combatiendo con ello tantos años de olvido que fueron regla hasta el año 2003, y que se repitieron entre 2015 y 2019. Debemos hacer de Malvinas parte de nuestras costumbres, enraizarla, vivificarla constantemente.
Por todo lo expuesto es que solicito a mis pares la aprobación de este proyecto.