Fundamentos de la

 Ley 11971

 

La violencia es un fenómeno de todas las épocas. A medida que avanzan y se consolidan los procesos democráticos, aumenta la preocupación por aquellos sucesos que pueden perjudicar la integridad de la sociedad, en general, y de los individuos, en particular. La generalización del fenómeno de la violencia, es un signo de gran magnitud en nuestra época; se hace presente en la mayor parte de nuestras instituciones, y afecta, principalmente, a los miembros más débiles de nuestra sociedad.

Si bien el problema de la violencia tiene grandes dimensiones, no invalida, que se adopten medidas a nivel de pequeñas comunidades o instituciones, como por ejemplo la escuela, que tiendan a erradicar modelos violentos y/o disminuir su influencia nociva.

En la institución "Escuela" se manifiestan diversos tipos de violencia (física, psíquica o emocional, verbal, sexual y social), sus causas son múltiples y complejas. Es en la interacción educativa diaria, donde los docentes clasifican, ordenan y tipifican las diversas conductas esperadas con los aditamentos culturales que ello implica. Los estereotipos y prejuicios que refuerzan la violencia se trasmiten y multiplican, también, en el ámbito escolar. En la escuela se condensan los conflictos y presiones que se padecen a nivel personal, familiar y social. Y por ello, las manifestaciones de violencia en la escuela constituyen un síntoma, un emergente resultante de la violencia social que atraviesa la institución. Es, muchas veces, una respuesta, y como la violencia engendra más violencia. Es necesario interrumpir esta cadena brindando distintas alternativas, ayudando a construir relaciones diferentes y eficientes para una mejor convivencia.

Aunque la escuela sea una institución intermedia, que muchas veces reproduce

modelos violentos, también es el lugar donde convergen distintas generaciones, se convierte en un espacio propicio para la reflexión y la búsqueda de alternativas frente a conductas nocivas. La resolución violenta de los conflictos es una demostración de la impotencia para resolver los problemas de otra manera. Si se puede aprender a ser violento, también es posible aprender a resolver los conflictos buscando conductas alternativas apelando a la reflexión, a la negociación y a la creatividad.

Es preciso afirmar, que existe en el Estado una responsabilidad indelegable en la adopción de una política global que atienda la problemática y prevenga la violencia como una cuestión en donde están involucrados los derechos humanos y la seguridad de los integrantes de la sociedad. Sabiendo que la tarea de prevenir la violencia no puede ser afrontada solamente desde el gobierno, sino que en ello debe comprometerse e implicarse la sociedad toda, la erradicación de pautas violentas, no sólo será fruto de la labor de técnicos o especialistas sino fundamentalmente de la activa participación de los miembros de toda la comunidad educativa. Es necesario tomar una iniciativa fuerte desde el Estado para frenar el auge de la violencia. Una acción decidida que se despliegue en todos los establecimientos educacionales puede ser el inicio de la reversión de una tendencia alarmante y el comienzo de una acción firme y sistemática de difusión de valores y modelos que resalten la cooperación y la solidaridad como método para resolver los conflictos.