Fundamentos de la Ley 12736

 

 

            Rubén Luis Di Palma nació el 27 de octubre de 1944 en la localidad de Arrecifes. A los 19 años debutó en el automovilismo y en 1964 obtuvo su primera victoria en la VI Vuelta de Arrecifes; ese día corrió con un Chevrolet a 180.5 km/h y superó por 55 segundos a Carlos Pairetti.

            Participó en diversos categorías: Turismo Carretera, TC 2000, Sport Prototipos, Mecánica Argentina (Fórmula 1 y Fórmula 2), Fórmula 2 Sudamericana y Supercart.

            Fue campeón de TC, de Fórmula A en 1970, de TC en 1971, de TC 2000 en 1983, de Sport Prototipos en 1971, 1972 y 1973, de Mecánica Argentina F-1 en 1974 y 1978 y de Supercart en 1993. En todas las categorías disputó 633 competencias de las cuales ganó 101.

            En 1969 integró el equipo argentino que intervino, con Torino, en la Maratón de La Route, en Nurburgring, Alemania, cuyo director fue Juan Manuel Fangio. La misión Argentina fue una de las actuaciones más brillantes que el automovilismo nacional concretó en el exterior.

            Fue el único piloto en triunfar en el TC con cuatro marcas distintas: Ford, Chevrolet, Torino y Dodge. Su última carrera fue el 13 de septiembre de 1998, en el autódromo de Oscar Alfredo Gálvez, de Buenos Aires, cuando con Ford se adjudicó una prueba de TC.

            Su vida se truncó trágicamente el 30 de septiembre del 2000, a los 55 años de edad, al estrellarse el helicóptero que piloteaba de regreso a Arrecifes, luego de presenciar la actuación de su hijo Marcos en la prueba de clasificación Top Race en Santa Rosa, La Pampa.

            Rubén Luis Di Palma supo ganarse la admiración de expertos y profanos. Todo el mundo advirtió, desde su aparición en el automovilismo, que en sus manos y en sus reflejos había un piloto distinto, un virtuoso excepcional.

            Di Palma nación en el TC pero se proyectó espontáneamente a cualquier categoría del automovilismo, porque era capaz de andar rápido en cualquier cosa que cayera en sus manos. Su pasión mecánica y velocista se extendió a los aviones y los helicópteros. Era capaz de las proezas más inauditas en el aire, con un dominio tan extraordinario de los aparatos que transmitía la sensación de poder hacer casi cualquier cosa, pese a la temeridad de sus audacias.

            Lo mismo sucedía en las pistas. Era de la raza de esos pilotos que parecen inmunes a cualquier accidente porque son capaces de dominar toda situación de emergencia.

            En el momento ideal de su carrera formó una asociación casi perfecta con Oreste Berta, quizá su alma gemela, por temperamento, cuyo talento era construir siempre los autos más veloces e innovadores. Juntos ganaron infinidad de carreras y campeonatos, se complementaban a la perfección y se admiraban mutuamente. Tanto que Di Palma se mudó de su Arrecifes natal a Alta Gracia para estar al lado del taller de Berta. (Germán Sopeña, La Nación).

            Si bien en la actualidad se mantenía alejado de la competencia, estaba preparando un Torino para regresar al TC y participaba del desarrollo de una nueva categoría deportiva.

            En uno de los tantos homenajes que se le rindieron, un arrecifeño dijo: “...Rubén Luis Di Palma es el Hombre que se hizo a sí mismo y se convirtió en ídolo sin el aporte mediático. No lo necesitó, porque en sus 55 años de vida no buscó la fama, no le interesaba que los demás creyeran que él era eximio volante. Le interesaba demostrárselo a sí mismo, tal vez porque creyó que era lo único que sabía hacer bien: correr para ganar. Pese a ser un trasgresor de todos los tiempos, no lo era a sus convicciones. Su pasión por el deporte tenía una aliada fundamental: su laboriosidad inclaudicable.”

            Otro rasgo para reconocer fue su humildad, que no era aparente, era tan genética como su simplicidad en la forma de conducirse cotidianamente; y su vocación solidaria, la ayuda anónima cuando alguien lo necesitó...”

            Su compromiso con la gente y con la realidad de su pueblo lo llevó a participar activamente de la vida política de Arrecifes, vocación a la que se había abrazado en los últimos tiempos y que hubiera continuado de no haber ocurrido el trágico accidente que terminó con su vida.

            Era un hombre auténtico, cabal e íntegro, sería imposible tratar de resumir en pocas palabras todas sus cualidades y el empeño puesto en cada uno de sus emprendimientos, para ello resulta harto elocuente el reconocimiento brindado por su pueblo y por el deporte automovilístico nacional en ocasión de su fallecimiento.

            Por todo lo expuesto, solicito a los señores legisladores nos acompañen en la aprobación del presente proyecto de ley.