Fundamentos de la

 Ley 11947

 

            El presente proyecto de ley, por el que se instituyen las Jornadas Bonaerenses de Defensa y Afirmación del Banco de la Provincia, pretende constituir una respuesta contundente por parte de los representantes de la comunidad ante cuestionamientos individuales que ya ni siquiera procuran encubrir los intereses que los animan o fingir una buena fe que de ser tan sólo revelaría un penoso desconocimiento de hechos notorios y elementales.

            Estos cuestionamientos han sido objeto de repudio virtualmente unánime de todos los protagonistas políticos, sociales y económicos de la comunidad bonaerense, que sienten al banco como propio y experimentan perplejidad al observar que los reclamos privatizadores corren parejos con la recuperación y expansión de la institución en forma inimaginable hace poco más de un lustro. Catorce empresas vinculadas dan cuenta cabal de una actividad múltiple que no se ciñe a los moldes arcaicos y enfrenta el desafío de la globalización en su propio terreno: el de capacitación y la eficiencia, llegando a ir más allá de las fronteras de la Nación pero con la vista puesta siempre en los requerimientos de la propia gente. Este desenvolvimiento debe ser conocido por todo bonaerense, y no sería un beneficio menor que conllevaría las jornadas aquí propuestas que se difundiera en todos los niveles de la Provincia la naturaleza y actividades de su banco.

            El inédito desarrollo aquí reseñado, por otra parte, no se ha dado exclusión de los fines trascendentes que le fija la Carta Orgánica al banco oficial de la Provincia. En efecto, ha sido creciente su acción como agente financiero de la Provincia y como órgano de fomento de la producción y del bienestar de sus habitantes. Constantemente gravita en todos los ámbitos institucionales y sociales en los que se requiera poyo financiero de la Provincia. En efecto, ha sido creciente su acción como agente financiero de la Provincia y como órgano de fomento de la producción y del bienestar de sus habitantes. Constantemente gravita en todo los ámbitos institucionales y sociales en los que se requiera apoyo financiero, en el municipio y en la escuela, en la ciudad y en el campo, en la fábrica y en el comercio, al punto paradójico de que su presencia en muchos casos puede resultar, por cotidiana, inadvertida.

            La incorporación en su órgano de gobierno de los representantes de los sectores de la producción ha profundizado este accionar, que se extiende desde los grandes agentes económicos hasta los pequeños y medianos productores que ciertamente no encontrarían sustituto a la presencia del banco en otros sectores financieros, equipados de otros plexos de valores y de otras pertenencias.

            Es un hecho incontestable que en la provincia de Buenos Aires, es su banco el que llega más lejos a todos y mejor, y con frecuencia, el único. Este banco constituye un activo público invalorable de toda la sociedad, que escapa a la categorización convencional estatal-privado para insertarse en la esfera de lo sociológicamente valioso, del valor que supera -sin negarlo- los confines del mero mercado.

            No se puede pretender, en una democracia pluralista, que esta axiología -que es de la abrumadora mayoría del pueblo argentino y particularmente bonaerense- sea compartida por todos. Sí puede exigirse respeto por los valores que sustenta la comunidad, y el derecho de ver más allá del horizonte de los intereses inmediatos e individuales. Tampoco, en este plano, puede cercenarse el derecho que le asiste el banco de ser más eficiente y competir en el terreno de los hechos con quienes hacen de la competencia y del mercado un culto sólo mientras estos dioses le son favorables.

            Toda comunidad política -este plebiscito cotidiano del que habla Renán- requiere imperiosamente para ser tal de la preservación de su identidad y consigo misma y con las instituciones políticas y sociales que genera para alcanzar su plenitud; la pérdida de ésta conlleva el desánimo, la confusión respecto de las metas a alcanzar y la dispersión del esfuerzo común. Ningún pueblo puede darse el lujo de vaciar las esencias de sus instituciones fundantes. Es el caso del Banco de la provincia de Buenos Aires, cuyo gravitar se patentiza en una historia más que centenaria vinculada inextrincablemente con las de la Nación y de la Provincia; en su articulación con sendas leyes fundamentales, y sobre todo en el compromiso con el presente y el futuro de una comunidad que se ha puesto a andar en  forma irrevocable en la senda del desarrollo humano.

            “El pueblo debe velar por la ley como por sus murallas”, decía el antiguo aforismo de Heráclito; de eso se trata: de defender la legalidad y las instituciones, pues éstas conforman parte inescindible de la identidad del pueblo.