Fundamentos de la Ley 13602

 

 

 

El 9 de febrero del corriente año cuando ya se estaba ocupando de los 96 -como él diría- su cuerpo lo abandonó luego de una insuficiencia coronaria que lo sorprendió en el hogar que había elegido como definitivo, el del Centro Oncológico de Excelencia de Gonnet. Su intelecto, en cambio, quedará por siempre como uno de los más grandes patrimonios de los platenses.

El médico fundador del Centro Oncológico de la Plata, José María Mainetti, de 96 años -quien fuera el gran maestro de René Favaloro-, murió ayer por la tarde en la localidad bonaerense de Manuel Gonnet, informaron empleados de ese centro de salud.

La muerte de este prestigioso profesional sucedió a las 18.20, en su vivienda particular, en el partido de La Plata.

Mainetti fundó en 1986 el Centro Oncológico de Excelencia, que desde entonces se constituyó en una de las unidades médicas de investigación, atención y docencia en prevención, diagnóstico y tratamiento de tumores cancerígenos más importantes de América Latina.

El médico, que había creado en 1969 la fundación que lleva su nombre, impulsó en 1993 el Instituto de Trasplante de Médula Ósea (ITMO), que en marzo de ese año realizó el primer transplante autólogo de médula ósea en el ámbito de la provincia de Buenos Aires.

En 1995, el ITMO concretó también el primer trasplante con células progenitoras de cordón umbilical de la Argentina.

"Los 95 ya los pasé, ahora me estoy ocupando de los 96, y creo que lo estoy haciendo bastante bien, no tanto en lo físico pero sí, por Gracia Divina, en lo intelectual". Así hablaba, con motivo de su cumpleaños número 95, esa gloria de la medicina platense que fue el profesor José María Mainetti, a quien la muerte encontró ayer doblegando su físico pero nunca su intelecto, que deja el legado de una larga vida -el 5 de marzo próximo hubiera cumplido 97 años- al servicio de la ciencia y de la comunidad.

Creador de la "Fundación para el Progreso de la Medicina"; fundador del Centro Oncológico de Excelencia; profesor emérito de la cátedra de Cirugía de la facultad de Medicina de La Plata -cuya titularidad ejerció durante décadas-; miembro de foros internacionales y autor de numerosos estudios de su especialidad, el doctor Mainetti se proyectó -casi desde el mismo momento en que ingresó a la Escuela Preparatoria de Ciencias Médicas de la Universidad de La Plata, que así se llamaba en el año 1926, ya que la facultad recién se crearía en 1934- como uno de los cirujanos más prestigiosos del país, hasta alcanzar un marcado reconocimiento también a nivel internacional.

Pero el prominente cirujano no había nacido en nuestra ciudad sino en la localidad de Hinojos, muy cerca de Olavarría, para llegar a La Plata cuando sólo contaba con dos años de edad.

Sus primeros pasos como estudiante los dio en la Escuela Nro. 18 de 47 entre 2 y 3, hasta que una infeliz circunstancia lo obligó a culminar sus estudios primarios en el Sagrado Corazón. "En mi familia -había contado- tuvimos la desgracia de perder a nuestra madre cuando éramos muy chicos. Éramos un varón y tres mujeres, y cuando sucedió aquello, mi padre, con muy buen tino, nos puso pupilos".

La pasión por la medicina despertaría en aquel joven a edad muy temprana, ya que desde los 5 años, debido a las actividades de su padre, mantenía un contacto casi cotidiano con los médicos. "Por un lado -describía Mainetti cada vez que se lo consultaba por su amor a la medicina- mi padre, que era farmacéutico y había fundado la farmacia del Hospital Italiano en 1912, me llevaba allí con mucha frecuencia, y así compartía con ese grupo pequeño que era el Hospital Italiano muchas horas en contacto con los médicos. Pero por otro lado uno ya debe traer algo en los cromosomas, porque desde siempre pensé en ser médico".

Recibido en 1932 -los primeros tres años se cursaban en La Plata y los últimos en la facultad de Medicina de Buenos Aires- fue el creador de una de las escuelas médicas de la ciudad, especialmente en el campo de la cirugía, donde las dos grandes escuelas platenses fueron las del doctor Federico Christman y la de José María Mainetti.

Apasionado por la medicina pero también por la vida, Mainetti contrajo matrimonio en tres oportunidades, luego de enviudar dos veces. Su primera mujer fue María Esther Campoamor, con quien se casó a los veinticinco años con quien tuvo cuatro hijos -dos hombres, ambos médicos, y dos mujeres, ambas profesoras de idioma-; once nietos y ocho bisnietos.

Tras más de 50 años de feliz convivencia, enviudó a los 80 años, y a esa edad volvió a casarse con Lía Esther Ferrario, quien falleció en octubre de 1995. Hasta que en noviembre de 2002, ya con 94 años, concretó su tercer matrimonio con Hilda Aurora Pavón.

Así, a la edad en la que muchos hombres se rinden, Mainetti supo remontar con talento y una vitalidad excepcional dos sueños de enorme trascendencia para él: el primero, haber inaugurado el Centro Oncológico de Excelencia -un proyecto propio al que le dedicó todo y en donde vivió hasta sus últimas horas- y el de reencontrarse con el amor.

El amor, justamente, fue uno de sus motores. Lo definía como "la vitamina más poderosa, el que le da un impulso profundo a la persona para volar por encima de las satisfacciones simplemente materiales y entregarse a cuestiones morales, espirituales, sociales y políticas. He tenido amor por mi familia, por mi hogar y por mi profesión".

Lúcido, activo, inquieto por las cosas del país y de la ciudad, trabajando incansablemente por la Fundación y el Centro de Excelencia que él mismo creó su tercer matrimonio concretado a la edad de 94 años lo llevó él, reflexionar sobre lo que él mismo definió, con ese filoso humor que tanto lo caracterizaba, como "la boda del siglo". Y a sostener, respecto al mismo, que "cohabitamos con la inteligencia y el espíritu, porque lo demás ya se marchitó, hay cosas que suelen terminar después de los 90".

Su longevidad, también, mereció su propio análisis. Y a pesar de que alguna vez sostuvo que deseaba morir joven, explicó su propia fórmula para sentirse sano y vital: "El único órgano que nos mantiene en buenas condiciones -decía- es el cerebro. Hay que hacerlo trabajar como al músculo, porque si no se atrofia. Entonces, hacer trabajar al cerebro, gozar de un clima psicosocial agradable, es la mejor manera para llegar a ser longevo y estar contento. Claro que intervienen otros factores como la genética y las enfermedades. Pero son las cosas del espíritu las que nos hacen vivir mucho".

Y fue ése, su espíritu, el que lo llevó, en definitiva, a convertirse a lo largo de prolífica vida en uno de los más eminentes médicos, investigadores y profesores del país. Y también en un incansable hacedor, reconocido en decenas de premios, menciones y distinciones.