Fundamentos de la Ley 12732

 

 

            Germán Abdala nació el 12 de febrero de 1955 en Santa Teresita, donde transcurrió su infancia, y luego se trasladó junto a su familia a Capital Federal.

            Cursó sus estudios en la Escuela Manuel Belgrano, sin rendir las materias que adeudaba para finalizar. Cumplido los 20 años ingresó a trabajar como pintor de automóviles en la Secretaría de Minería, donde al poco tiempo fue electo delegado.

            Formó parte de la Juventud Peronista de la década del ’70, iniciando su militancia política en la agrupación peronista Amado Olmos, que estaba conformada por jóvenes sindicalistas enrolados en la CGT de los Argentinos, mayoritariamente de los gremios telefónico y del farmacéutico.

            En 1979, siendo delegado de la Secretaría de Minería, funda junto a otros dirigentes ANUSATE, Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de la Asociación Trabajadores del Estado.

            Recuperada la democracia forma parte de la conducción de la agrupación 30 de marzo, la cual era miembro del MUSO (Movimiento de Unidad, Solidaridad y Organización) del Partido Justicialista.

            En noviembre de 1984 participa de la recuperación histórica de ATE, junto con Víctor De Gennaro, luego de la intervención dispuesta por la dictadura militar, siendo elegido secretario general de la seccional Capital Federal. Desde su lugar en la conducción da fiel testimonio de sus convicciones, pegado a los problemas de los afiliados, escuchándolos y conduciéndolos, siempre junto a los trabajadores. Así, en la época del gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, luchaba para detener los despidos, por aumento salarial y contra todos los que sostenían el achicamiento como única alternativa para un Estado mal organizado.

            Su gestión transparente, le permitió por tres oportunidades ser reelecto como titular del gremio, en elecciones tan limpias y ejemplares que configurarían todo un aporte para la construcción de la historia que nos merecemos. Por eso su liderazgo constituye un ejemplo para las nuevas generaciones.

            Durante el año 1985 funda el Movimiento Renovador Peronista de la Capital Federal junto a Carlos “Chacho” Álvarez.

            En 1989 fue electo diputado nacional por el Partido Justicialista de Capital, durante su mandato impulsó distintos proyectos impregnados de un contenido social; entre ellos, la equiparación de las asignaciones familiares de los estatales con los privados; por otra parte propuso que los trabajadores accedieran a la conducción de las obras sociales; declaró insalubre el trabajo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, y propuso la penalización de los funcionarios que usufructuando su condición se beneficiaran con decisiones administrativas y judiciales.

            Desde su banca como legislador, Germán ganó el consenso de todos más allá de las disputas verbales con sus ocasionales adversarios. Su discurso directo y puntilloso recreó y avivó prolongados debates en la cámara baja. Es recordada su tenaz oposición al avasallamiento de los derechos laborales y humanos.

            En diciembre de 1990, con motivo de los indultos otorgados a los comandantes de las juntas de la dictadura militar, renuncia a los cargos partidarios. Paralelamente forma junto a otros diputados el “Grupo de los Ocho”.

            Desde la comisión bicameral de Seguimiento de las Privatizaciones se opuso tenaz y explícitamente a distintas iniciativas del gobierno nacional destinados a privatizar el patrimonio público, anticipando que ello sería un grave perjuicio para los trabajadores y la población.

            De verbo claro, brillante y contundente, supo aceptar los desafíos de los nuevos tiempos, y la moda privatizadora, pero arremetió denodadamente con sólidos argumentos contra las formas en que se presentó en los distintos sectores del Estado, ese Estado que él conocía tan bien. Creía férreamente que el Estado es la única herramienta, para garantizar el camino de la independencia y liberación.

            Empezó entonces la búsqueda de coincidencias con distintos grupos, en busca de un movimiento nuevo que reivindicara viejos valores, una iniciativa que se ve plasmada en el triunfo del Frente Grande en Capital Federal, el 10 de abril de 1994.

            Con una enfermedad terminal muy avanzada asistió al Congreso en sillas de ruedas para no interrumpir su trabajo legislativo, y cabe señalar que, con justicia, la ley que les otorgó a los estatales las convenciones colectivas de trabajo llevó su nombre.

            En el ámbito sindical empieza a recorrer un nuevo camino, en busca de una entidad reivindicativa de los trabajadores, democrática y representativa, que albergara a todos los sectores golpeados por la crisis y para empezar a pelear un espacio popular desde una dinámica política pluralista, tendiente a generar, un polo alternativo a las fuerzas tradicionales no solo sindical sino política. Germán Abdala decía “Los trabajadores debemos ser los agentes de transformación social y no meros espectadores de que se distribuyen las minorías liberales”. Desde 1989 hubo varios intentos, siglas y búsquedas, que concluyó finalmente en la CTA en 1992.

            Tuvo todo el fuego, la convicción y la inteligencia. La enfermedad le birló el tiempo. Todos sin distinción lo respetaron como dirigente y diputado; y los que lo conocieron como persona, lo amarán siempre sin olvido. Fue honesto con mayúsculas en todos los terrenos, y hasta sus adversario lo admiraron. Siempre dijo las cosas por su nombre aunque duelan. La hipocresía no figuraba en su diccionario.

            El 13 de julio de 1993, a los 38 años, y luego de más de veinte operaciones, fallece en el Hospital Italiano de la Capital Federal; con su muerte la democracia perdió a uno de los dirigentes jóvenes del campo sindical y político social.

            Germán Abdala hoy es un testimonio de la política argentina más allá de aquellos que piensan que las ideologías están muertas; su prédica y su lucha ya son parte indivisible de cientos de miles de trabajadores.

            Dirigente de raza, abrazó sus creencias con la misma pasión que abrazó su vida hasta el último segundo, y nos dejó a todos, sin lugar a dudas, una lección de vida, de militancia y coherencia ideológica con un sello indiscutible.

            Por todo esto y por el ejemplo que Germán Abdala representa para el conjunto de los militantes del campo popular, es que solicito la aprobación del presente proyecto de ley.