FUNDAMENTOS DE LA LEY 15448
Flora Alejandra Pizarnik nació el 29 de abril de 1936 en el Hospital Fiorito de la localidad de Avellaneda. Sus padres, Elías Pozharnik y Rezla Bromiker, emigraron de Rovna, localidad ruso polaca, pasaron un tiempo en París y luego llegaron a la Argentina. En el registro, Elías fue inscripto con el apellido Pizarnik por lo que la familia en ese momento perdió su apellido original.
La infancia de Alejandra fue difícil y eso se verá reflejado luego en su poesía. Sobre todo dos cuestiones marcaron la vida de la poeta: la constante comparación con su hermana mayor, propiciada por su madre, y la condición extranjera de la familia. En la adolescencia tuvo problemas de acné y una marcada tendencia a subir de peso. Los problemas de asma, tartamudez y autopercepción física de la poeta minaron su autoestima: se trata de “esa sensación de angustia que trae el ahogo asmático y que, muchos años más tarde y ya convertida en Alejandra, interpretaría como la manifestación de una temprana angustia metafísica”
Siendo pequeña la familia la apodó "Buma", que en ídish significa "flor".
Alejandra asistió a la Escuela Normal № 7 de Avellaneda y a la Zalman Reizien Schule, escuela hebrea, donde aprendió la historia de su pueblo, así como la lectura y escritura en ídish. Su madre recordaba melancólicamente su infancia en Rusia. La familia sufrió mucho el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial. Recibían noticias de lo que acontecía en Europa, pero cada vez llegaban menos cartas de familiares, algunos de los cuales estuvieron en campos de concentración.
Pizarnik se enfrentó al modelo ideal de estudiante durante su estancia en el colegio secundario, “el prototipo de adolescente que forjó el imaginario social entre las familias de clase media argentinas tenía que ver con el recato y la discreción, la buena conducta y la aplicación en la escuela”. Ese proceso derivó en una joven mujer rebelde, frente a la imagen del adolescente de los años cincuenta: “se producen cambios notorios y definitivos que irán configurando su personalidad y la convertirán en la “chica rara” del colegio, llena de excentricidades y, para algunos padres, en la imagen exactamente contraria a la que aspiraban para sus hijas”.
En 1954, tras cursar bachillerato, y con grandes dudas, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Sus expectativas académicas le hacían imposible permanecer en un solo sitio, “como lo demuestra el hecho de que pasara de la carrera de Filosofía a la de Periodismo, luego a la de Letras, al taller del pintor Juan Batlle Planas para, finalmente, abandonar todo estudio sistemático y formal y dedicarse plenamente a la tarea de escribir”.
Pizarnik comenzó a realizar traducciones literarias y a colaborar en la revista Poesía Buenos Aires. Empezó la facultad pero no le interesaba lo sistemático de las clases y aprobar materias, solo estaba interesada en leer: Arthur Rimbaud, el conde de Lautrémont, Antonin Artaud, Antonio Porchia, Oliverio Girondo, Stéphane Mallarmé, James Joyce.
Era una apasionada del surrealismo y el existencialismo. En 1956 conoció a Roberto Yahni en la librería Letras de la calle Viamonte. Pronto pierde el interés en la facultad y la abandona. Como terapia, Alejandra comienza a incursionar en la pintura en el taller del pintor Batlle Planas y a psicoanalizarse con León Ostrov. Cuando conoce a la poeta Olga Orozco se convierten en grandes amigas. Alejandra la tomó como una madre literaria con la que siempre se sintió protegida. Olga y Alejandra tenían en común una estética literaria. Orozco le dedicó el poema "Pavana para una infanta difunta".
La poesía de Antonio Porchia influyó mucho en su obra. Publicó, en 1956, La última inocencia (Ediciones Poesía), dedicado a León Ostrov. Gracias a él fue posible la expresión del inconsciente y del surrealismo de Alejandra. Ella manifestaba que no era paciente, sino amiga.
Las aventuras perdidas (Altamar, 1958) fue dedicado a su compañero del grupo literario Poesía Buenos Aires, Rubén Vela. Roberto Juarroz realizó una reseña de este libro.
Alejandra viajó a la ciudad de París en 1960 y se quedó hasta 1964, estudiando, conociendo poetas e intelectuales, entre ellos, Simone de Beauvoir y Marguerite Duras. Trabajó para la revista Cuadernos y varias editoriales francesas. Allí entabló amistad con Ivonne Bordelois, quien había trabajado en Revista Sur. Alejandra vivía cerca de la Universidad de La Sorbona arriba de un restaurante chino. Sólo hablaba de literatura. Consiguió trabajo de correctora para mantenerse más tiempo en la ciudad.
“Su poesía era un entramado de intertextualidades de la palabra ajena convertida en propia", Ivonne Bordelois.
Pizarnik era muy exigente consigo misma y a menudo rompía las hojas donde escribía sus poemas e incluso llegó a quemar copias de su primer libro.
Árbol de Diana se publicó en Buenos Aires en 1962 por Editorial Sur y con prólogo de Octavio Paz. Con Cortázar conoció los círculos intelectuales de París. Él junto a su mujer Aurora Bernárdez intentaron ayudar a Alejandra con su inestabilidad emocional. Pizarnik se identificaba con la Maga de Rayuela. En su crítica literaria de Historias de Cronopios y de Famas afirma que dicha obra "testimonia ejemplarmente de qué manera el humor y la poesía son subversivos". Cortázar y Pizarnik compartieron una estética surrealista, un imaginario en común respecto de la infancia y del amor.
Entre las colaboraciones en revistas que realiza durante esos años destacan "Humor y poesía en un libro de Julio Cortázar", publicado en la caraqueña Revista Nacional de Cultura, "Se prohíbe mirar el césped", "Buscar", "En honor de una pérdida" y "Las uniones posibles".
Pizarnik consumía una gran cantidad de medicamentos debido a sus altibajos anímicos. En sus escritos comienza a reflexionar sobre el suicidio. Persona y poeta se disociaban. Regresó a Buenos Aires angustiada y torturada.
El poemario Los trabajos y las noches fue publicado por Editorial Sudamericana en 1965. Al año siguiente recibió el Primer Premio municipal de Poesía por dicha obra.
En 1967 falleció su padre. Esto se sumó al malestar que Alejandra tenía para llevar adelante su vida cotidiana, obstáculo que nunca logró superar. En 1968 obtuvo la Beca Guggenheim y viajó a Nueva York. Además, publicó Extracción de la Piedra de Locura (Sudamericana, compuesto por poemas en prosa). Allí no tuvo una buena experiencia. Aún deprimida, al año siguiente decide volver a París. Entre julio y agosto de ese año finaliza el texto teatral Los Poseídos entre Lilas. En esa época entabla amistad con Silvina Ocampo y comienza a colaborar en Revista Sur con reseñas literarias y traducciones.
Inició una terapia diseñada por el psiquiatra Pichon-Rivière, que supuso una mejora temporal en su situación.
En 1969, publicó Nombres y figuras (1969), y reversionó la novela La Condesa Sangrienta (1971). Ese mismo año publicó también el poemario El Infierno Musical y ganó la beca Fullbright.
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por serias crisis depresivas que la llevaron a intentar suicidarse en varias ocasiones. Pasó sus últimos meses internada en un centro psiquiátrico bonaerense; el 25 de septiembre de 1972, en el transcurso de un fin de semana de permiso que pasó en su casa, terminó con su vida con una sobredosis de seconal sódico. Tenía 36 años.
Sus biógrafos y analistas de su obra, han destacado la sexualidad no héterosexual de Pizarnik, fluyendo entre variantes lesbianas y bisexuales, presionada también por las exigencias sociales de ocultamiento, que la llevaron a ser víctima del fenómeno llamado encierro en el "armario". La sexualidad de Pizarnik fue deliberadamente ocultada por sus herederos y la albacea de su testamento, censurando más de ciento veinte fragmentos de sus diarios personales.
Su poesía, siempre intensa, a veces lúdica y a veces visionaria, se caracterizó por la libertad y la autonomía creativa.
El día siguiente a su fallecimiento se realizó el velatorio, sumamente triste, en la nueva sede de la Sociedad Argentina de Escritores que, prácticamente, se inauguró para velarla.
En el pizarrón de su recámara se encontraron los últimos versos de la poeta: No quiero ir.
Nada más.
Que hasta el fondo.
Ana Becciú y Ana Nuño recuperaron y compilaron sus escritos a lo largo de los años. Los archivos de Alejandra Pizarnik se conservan en el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca de la Universidad de Princeton en Estados Unidos.
La presente propuesta procura declarar Ciudadana Ilustre Post Mortem a Alejandra Pizarnik quien ha sido, sin duda, una de las mujeres que ha cambiado el surrealismo en la poesía. Una poeta genuina como pocas.
Por lo expuesto solicito de mis pares, legisladoras y legisladores, me acompañen en la aprobación de este proyecto.