Fundamentos de la
Ley 10372
La psicología, tanto en el siglo pasado como en lo que va del presente, se ha desarrollado y transformado como ninguna otra ciencia humanística. De especulativa y racional, pasó a concreta y aplicada, sin perder por ello la trascendencia de su objetivo: El conocimiento de la conducta y de la personalidad; el análisis permanente y la investigación de las estructuras congnitivo-afectivas que condicionan el comportamiento humano.
Constituye una teoría de máxima dimensión epistemológica y a la vez ciencia natural, susceptible de investigación experimental y de tratamiento matemático. Asimismo en su parte especial, es ciencia aplicada a las necesidades del hombre moderno, en vastísima escala.
Ha superado, en la actualidad, el problema de su clasificación y el de las disparidades conceptuales. Se reconoce perfectamente que es, antes que nada, antropología, y que como consecuencia tiene íntima concomitancia con la biología, la sociología y la filosofía. Hay, en síntesis, una sola psicología, y ésta pertenece a las ciencias humanas, a las humanidades, porque su interés radica en el estudio y la explicación de la vida psíquica del hombre.
Por lo tanto, para responder a tantas necesidades, es menester la preparación en la asistencia, investigación y docencia, de personas esmeradamente capacitadas. La profundidad doctrinal y la importancia del objeto -el ser humano-, exigen que la formación psicológica sea adquirida únicamente bajo la responsabilidad de un centro universitario.
En estos momentos, existen estudios de psicología en todas las naciones europeas, en Japón, Canadá, Israel, India, Rusia, Norteamérica, México, Perú, Cuba, Brasil, Chile, Costa Rica, y en nuestro país en numerosas universidades estatales y privadas.
Resulta evidente que el trabajo para el psicólogo es amplio y se encuentra en progresiva demanda. No debe haber escuela sin normas psicopedagógicas, ni fábrica sin psicotécnico, ni plan de organización social en cualquier aspecto, sin el psicólogo correspondiente, ni plan de salud pública sin el aporte de dichos especialistas. En los Estados Unidos, por ejemplo, son miles los profesionales diplomados, los auxiliares y trabajadores sociales, y aún es así visible la escasez de psicólogos, ante las complejidades que plantea la vida moderna.
La Argentina precisa psicólogos en relación con su grado potencial de progreso institucional y cultural, a favor de su incremento fabril, el desarrollo de su economía y el crecimiento demográfico, y las necesidades planteadas en el área de la salud en estos últimos años por haberse agudizado los trastornos y las demandas a consecuencia de las secuelas provocadas por la guerra antisubversiva, el terrorismo de Estado, la guerra de las Malvinas, el drama de las inundaciones, y la situación económico-social. Por eso los psicólogos siempre plantearon la necesidad de formación para asumir esa importante misión. Desde 1896 existen cátedras de psicología en las universidades nacionales, y a comienzos del siglo la material se enfocó en sus aspectos general, experimental y pedagógico. Destacándose particularmente las escuelas de Buenos Aires y La Plata, por la importancia y peculiaridad de su labor. La Sociedad Argentina de Psicología, fundada en 1908 por José Ingenieros, entre otros, desplegó, pese a las vicisitudes e interrupciones, una notable actividad, reemprendida en 1957, a través de laboratorios, centros de aplicación e institutos.
Dentro de ese panorama, cabe advertir que en el ámbito de nuestra Provincia, desde el año 1958 se propició la creación de la carrera de Psicología como carrera mayor universitaria, en la Universidad Nacional de La Plata, según consta en los dictámenes emitidos en las sesiones del Consejo Superior, hasta lograrse la sanción definitiva, con el 90 % de los votos, en diciembre de 1960. Posteriormente, una comisión asesora integrada por representantes oficiales de distintas facultades, que trabajó desde 1962 hasta 1966, realizó la descripción de las diversas ramas de la psicología y su formación específica, su esfera de acción y otros aspectos inherentes a la implantación.
Aunque el número de egresados de la disciplina va en aumento, su disponibilidad y aprovechamiento como fuerza de trabajo en el área de la salud se halla constreñida, en lo que hace al reconocimiento legal que permite trabajar en aquellos campos donde la mayoría de la población tiene acceso, pues deben de desempeñarse sin reconocimiento alguno o en condiciones poco dignas que menoscaban su condición de trabajadores de la salud mental, en detrimento de un esfuerzo que tiene como destinatario al pueblo todo. Vale decir, entonces que sólo una mínima parte de los habitantes -los de mayores recursos-, pueden utilizar los servicios de estos profesionales.
Las circunstancias tornan necesario revertir la injusta situación que actualmente se aprecia, mediante la sanción de una ley reglamentaria del ejercicio profesional del psicólogo, que permita a quienes se dedican a dicha actividad brindar a la comunidad los servicios para los cuales han sido capacitados con el esfuerzo general. También se requiere proveer los organismos de la colegiación legal de los psicólogos, con gobierno de la matrícula y ejercicio de la potestad disciplinaria, a fin de consolidar institucionalmente el desenvolvimiento de esta noble profesión.
Existen hoy día cerca de 28.000 egresados de las 26 facultades en que se dicta la carrera de psicología en todo el país.
Organizados actualmente en nucleamientos gremiales o entidades de ley a lo largo y a lo ancho del país.
Anualmente se desarrollan un gran número de actividades científicas que congregan a la mayoría de los psicólogos, en ellas se exponen los desarrollos y progresos de la psicología en nuestro país, se refleja la práctica, la investigación y las conclusiones científicas de la labor profesional. Por otra parte se llevan a cabo encuentros y jornadas sobre situación laboral, legislación, colegiación, seguridad social, etc., que permite el mejor conocimiento del ejercicio profesional del psicólogo.
Tanto en el ámbito federal como en el provincial, las leyes y reglamentos deben reconocer al psicólogo el pleno ejercicio de su ciencia y de todas sus especialidades y como profesional autónomo, de allí que se haga necesaria la existencia de una ley sobre el ejercicio profesional y la creación de la entidad colegiada respectivas, como ya existe en algunas de las provincias de nuestro país: Salta, Tucumán, Misiones, Santiago del Estero, Córdoba, Entre Ríos, Catamarca y San Luis.
El proyecto de legislación que presentamos, está en relación con los alcances y límites de la formulación universitaria, ya que la carrera de Psicología es la única que destina la totalidad de cinco años al estudio de la problemática psicológica. Por ello, insistimos en que las disposiciones legales deben responder a esa realidad de carrera mayor universitaria. El Estado, como supremo y último contralor de los intereses y el bienestar del conjunto social, debe garantizar, tanto el pleno ejercicio de aquellos profesionales que él mismo se encarga de capacitar, como también delimitar todo tipo de práctica no profesional que en nada garantizan la seriedad y la solvencia que requiere una práctica profesional responsable.
De este modo la existencia de un cuerpo legal que reconozca la pertinencia mencionada, significa un avance en el saber y del hacer, de la teoría de las prácticas que hará justicia al profesional psicólogo y que posibilitará una mejor salud mental de la comunidad toda.